Otra ida al supermercado

 La vida independiente tienes sus inmensos y culposos placeres tales como las diligencias a media tarde o los retrasos totalmente necesarios a la sala. 

Tambien te obliga de cierta forma a replanificarte las cosas, la vida. De cierta manera no existe algo que te amarre a una rutina, mas alla de la disciplina, ese gustito a libertad tambien parece encadenar de tanto en tanto a la silla.

Hay dias en los que siento que se me va la vida frente al escritorio y otras, estoy convencida que no lo quisiera de otra forma. He tomado estos 34mts a mi favor, los converti en un reflejo de mi personalidad, entre los millones de papelitos con notas, la pizarra con responsabilidades muy prometedoras pero cuya longevidad de la tinta demuestra una absoluta negacion. Adoro este lugar.

Lo suficientemente grande como para hacerte sentir solo.

Lo suficientemente pequeño como para que no sirva para dos.

O tal vez la verdad que mi burbuja no permite extranjeros. La mayor parte del tiempo me da igual, sere juzgada de todas formas por ello.

El proceso de comer me resulta sumamente complicado. 

Primero cocinar. Esperar sediento por algo cuyo control no tienes en lo absoluto. Cuantas malditas veces se te paso el calor en el horno o sencillamente la sal (no) fue suficiente. 

No me importa cuanto mc.Donalds haya productizado su receta... El maldito tocino sabe a plástico y tengo el miedo de jamar conseguir un mc.pollo crocante de nuevo...

Solía gustarme escribir porque tenia cosas que decir,

Ahora creo que solo me gusta porque me da excusas para decir algo.

Estoy agotada de la palabra y entre mas verborrea mas me canso.

Lo cual es un fastidio porque escribir era algo que me daba tanto placer, pero hay tanto ruido al rededor que no logro silenciar la cabeza. No logro conseguir esa extrapolarizacion o como le querríamos llamar a la forma en como te comprometes con la letra que cualquier cosa se torna ajena.

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